Con el estallido de la guerra en Ucrania en 2022, Moscú buscó ejercer presión directa sobre Europa reduciendo los suministros de gas natural, especialmente ante las sanciones impuestas por los países europeos a Rusia. Sin embargo, el aumento de los envíos de gas natural licuado (GNL), la mayor parte de los cuales provenía de Estados Unidos, ayudó a aliviar dicha presión rusa y permitió a los países europeos continuar enfrentando las consecuencias de la reducción de suministros sin derrumbarse ante el «chantaje energético». No obstante, las crecientes tensiones políticas entre los líderes de Washington y Bruselas están generando serias preocupaciones de que la dependencia de Europa del GNL estadounidense pueda convertirse en una nueva forma de presión política, no muy diferente a la que ejercía Rusia anteriormente. Esto podría poner a Europa en un nuevo dilema, a pesar de que Estados Unidos había jugado un papel fundamental en sacar a Europa de su crisis con Moscú. En este contexto, el director gerente de asuntos energéticos del grupo de investigación de riesgos políticos con sede en Londres, «Eurasia Group», Henning Gloystein, declaró que Europa reemplazó su fuerte dependencia de Rusia por una dependencia similar de Estados Unidos, señalando que esta opción parecía adecuada hace unos cuatro años, pero los cambios internacionales actuales la han hecho más problemática en la actualidad. La necesidad de Europa de importar enormes cantidades de energía es una de las principales debilidades estratégicas del continente. Antes de la guerra en Ucrania, el gas natural ruso era una pilar fundamental de la seguridad energética europea, representando casi la mitad de las importaciones de gas de la Unión Europea en 2019. Con el inicio de la guerra, los volúmenes de gas que fluían a través de oleoductos que pasaban por Ucrania, Polonia y bajo el mar Báltico disminuyeron drásticamente. Esto provocó un aumento significativo de los precios, mayor presión sobre consumidores, fábricas y gobiernos, y repercutió negativamente en toda la economía europea. Un salvavidas En medio de esta crisis, el papel de Estados Unidos surgió como un salvavidas, ya que EE. UU. envió barcos cargadas de enormes cantidades de GNL a varios puertos europeos, entre ellos Países Bajos, Francia y Bélgica, así como a otras regiones, con el objetivo de compensar el déficit en los suministros rusos y calmar los mercados que habían experimentado un aumento sin precedentes de los precios. El papel de EE. UU. era anteriormente relativamente limitado, con la cuota de Estados Unidos en las importaciones de gas europeo no superando aproximadamente el 5% a finales de 2019. Sin embargo, tras la guerra, esta cuota aumentó significativamente, y los envíos de gas estadounidense alcanzaron aproximadamente un cuarto de las importaciones de gas natural de la Unión Europea para 2025. Este gran flujo de gas estadounidense parecía, hasta hace poco, una iniciativa de rescate desde Washington para el Viejo Continente. No obstante, los recientes desarrollos políticos internacionales han reabierto las preguntas sobre las consecuencias de esta creciente dependencia. Desde el inicio del segundo mandato del presidente de EE. UU., Donald Trump, su administración ha utilizado el comercio como una herramienta de presión política en medio de sus múltiples desacuerdos con otros países, incluidas sus posturas controvertidas, como su reciente intento de apoderarse de Groenlandia. Las preocupaciones europeas ahora giran en torno a la posibilidad de que Trump utilice el poder que Estados Unidos ha adquirido en el sector petrolero y gasístico como un arma política para obligar a otros países a aceptar sus políticas. En este contexto, la investigadora internacional de París Ann-Sophie Corbe, del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia, confirmó que hay un creciente reconocimiento en los círculos europeos de la posibilidad de una dependencia excesiva del GNL estadounidense, considerando que este problema podría representar la esencia del próximo dilema. La propia administración Trump contribuyó a profundizar esta dependencia al animar a los países europeos a aumentar sus importaciones de gas estadounidense dentro del marco del acuerdo comercial firmado con la Unión Europea el año pasado. No obstante, los analistas coinciden en que cualquier manipulación de los flujos de gas podría provocar un aumento de precios y costes, lo cual es mala noticia para la economía europea. Ogne Kiliuskaite, analista de energía y clima del instituto de investigación Bruegel, confirmó que la concentración de las importaciones se ha convertido en un factor de suma importancia, señalando que Europa hoy es más vulnerable a las perturbaciones relacionadas con Estados Unidos debido a su creciente dependencia de este como principal fuente de energía. La necesidad de Europa de importar enormes cantidades de energía es una de las principales debilidades estratégicas del continente. El gran flujo de gas estadounidense parecía hasta hace poco una iniciativa de rescate desde Washington para Europa. Sin embargo, algunos analistas expresan escepticismo sobre la posibilidad de que la administración Trump recurra a medidas directas, como la reducción de envíos, debido al posible conflicto con los intereses del sector petrolero y gasístico estadounidense. En este contexto, el ex enviado especial de EE. UU. para la Energía, David Golden, ahora presidente de la consultora «Golden Global Strategies», declaró que cualquier paso de este tipo sería una señal negativa para los mercados y afectaría significativamente la competitividad de un sector al que la administración estadounidense está comprometida a apoyar. Redirigir los flujos de gas en lugar de detenerlos por completo La naturaleza de la industria petrolera y gasística en Estados Unidos difiere de la de Rusia, donde el Kremlin, utilizando el monopolio estatal «Gazprom», pudo utilizar los suministros de gas como un arma política en 2022, según un estudio del economista Jack Reed de Oxford Economics. Reed cree que en caso de tensiones crecientes, Estados Unidos podría recurrir a redirigir los flujos de gas en lugar de detenerlos por completo, mientras que otros analistas esperan la posibilidad de medidas indirectas, como la imposición de aranceles al gas. Según datos del instituto de investigación Bruegel, los flujos de GNL de Estados Unidos a los países de la UE aumentaron aproximadamente un 60% en 2025 en comparación con el año anterior. Los analistas esperan que este aumento en las cantidades suministradas continúe. En un intento de satisfacer parcialmente las demandas estadounidenses, Europa continúa reduciendo sus importaciones de gas ruso, que habían bajado a aproximadamente el 12% de las importaciones totales para 2025. Noruega, a pesar de no ser miembro de la Unión Europea, es el mayor suministrador de gas al bloque, con una cuota de alrededor del 30% de las importaciones totales. Auge en los suministros A nivel mundial, Estados Unidos se ha convertido en el mayor exportador de GNL, donde las compañías desarrolladoras están invirtiendo miles de millones de dólares en la construcción de instalaciones avanzadas para la licuación del gas y su transporte por mar. Europa, debido a su proximidad geográfica a los puertos de exportación en el Golfo de México, es un destino lógico y adecuado para estos envíos. A su vez, China, el mayor importador de GNL del mundo, ha reducido significativamente sus compras de gas estadounidense debido a los aranceles impuestos por Washington. A pesar de los desafíos asociados, Europa podría beneficiarse del esperado auge en los suministros en los próximos años, lo que podría contribuir a reducir los todavía relativamente altos precios. A pesar de las crecientes inversiones europeas en fuentes de energía renovables como la solar y la eólica, el continente europeo todavía necesita urgentemente gas natural para satisfacer las necesidades de calefacción en los hogares y el funcionamiento de los diversos sectores industriales. Europa también busca reducir su dependencia de los combustibles fósiles ante la disminución de la producción en campos locales de petróleo y gas, así como por la renuencia de algunos países, como el Reino Unido, a perforar nuevos pozos después de la fuerte caída en la producción de sus compañías petroleras. Christopher Hazelr, analista principal de la consultora Rystad Energy, declaró que Europa no tiene amplias opciones para garantizar fuentes de energía.
La Dependencia de Europa del Gas Americano: un Nuevo Desafío
El artículo analiza cómo el cambio de proveedor de Rusia a Estados Unidos ha afectado la seguridad energética de Europa. Examina los riesgos políticos de la nueva dependencia, el aumento de los precios del gas y las debilidades estratégicas del continente, así como el futuro de la energía europea ante el creciente importación de GNL estadounidense.