Si la espectacularidad de la maniobra militar es sucedida por el gobierno de una figura del chavismo, Marco Rubio estará frente a un revés estrepitoso. Trump anunció que Estados Unidos capturó a Maduro y lo sacó de Venezuela. Su pelea contrarreloj es para evitar que lo sucedido en Venezuela sea simplemente la captura de un presunto capo del crimen organizado. Para Rubio el arresto del autócrata no es el final de nada, sino el comienzo de una pulseada interna, entre Washington y Mar-a-Lago, con una bifurcación evidente: la permanencia del chavismo en Venezuela o la apertura hacia un cambio de gobierno. Todas las miradas apuntan ahora a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, que está en comunicación con los gobiernos de China y Rusia, tal como afirmaron ambas cancillerías. No ahondó en mayores detalles, puso el foco en que no hubo bajas militares estadounidenses y dijo que ningún aliado de Maduro seguirá en el poder, aunque de una manera un poco confusa, mencionó que sigue en el cargo la vicepresidenta Delcy Rodríguez. El mensaje es entendible porque la base política de Trump se opone a nuevos conflictos armados, así como también a largas incursiones militares fuera de Estados Unidos. En los últimos días el Miami Herald había revelado que Maduro le ofreció a Trump dejar a Rodríguez en el poder y que ella convocaría a nuevas elecciones. En paralelo, y como ha venido sucediendo, el presidente estadounidense no tiene presente en su narrativa a la oposición venezolana que, por cierto, guarda un sigilo absoluto por estas horas. En la entrevista con Fox, Trump no quiso ahondar sobre el rol de la líder opositora Corina Machado y la posibilidad que su aliado, el ex candidato a presidente, Edmundo González, asuma la presidencia. La pregunta que flota en el ámbito diplomático: ¿Es factible una transición democrática sin la permanencia militar de Estados Unidos en Venezuela? Un operativo de alto voltaje militar, con ataques sobre Caracas, y gran precisión operativa ha empujado al exsenador de La Florida a un cuadrilátero que definirá su futuro político, concretamente en su intención de suceder a Donald Trump en la Casa Blanca. Para Rubio el arresto del autócrata no es el final de nada, sino el comienzo de una pulseada interna, entre Washington y Mar-a-Lago, con una bifurcación evidente: la permanencia del chavismo en Venezuela o la apertura hacia un cambio de gobierno. El secretario de Estado necesita fulminar políticamente al chavismo y vencer a aquellos laderos de Trump que solo pretenden un cambio de nombres que generen un alineamiento hacia Washington. En los últimos días el Miami Herald había revelado que Maduro le ofreció a Trump dejar a Rodríguez en el poder y que ella convocaría a nuevas elecciones. Trump confirmó este diálogo y dijo que lo rechazó: 'Le dije que no, que íbamos directo', afirmó a Fox News. La familia Rodríguez es clave, Delcy y su hermano Jorge, mandamás de la Asamblea Nacional venezolana, porque son los interlocutores del enviado especial de la Casa Blanca, Richard Grenell, quien además vela por los intereses de Chevron en Venezuela. La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez. En la entrevista con Fox News, Trump dijo que este fin de semana se tomaría la decisión sobre el futuro político de Venezuela. Vance respaldó la captura de Maduro y criticó a los demócratas que ponían en tela de juicio las maniobras militares en el Caribe. El secretario de Estado Marco Rubio se encuentra en un momento decisivo luego de la captura de Nicolás Maduro. En esa respuesta radica buena parte del escenario de los próximos días. Una buena noticia para Rubio provino de la oficina del vicepresidente JD Vance, autor intelectual del aislacionismo diplomático de la Casa Blanca plasmado en el último documento de seguridad nacional.
La captura de Maduro: Rubio en el centro de la lucha política en EE. UU.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el arresto del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, durante una operación especial. Este movimiento sitúa al secretario de Estado, Marco Rubio, en el centro del juego político dentro de Washington. Todas las miradas están puestas en la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, que mantiene la comunicación con China y Rusia. La operación plantea preguntas sobre el futuro de Venezuela y las ambiciones políticas de Rubio.