La administración de Trump presentó esfuerzos para expandir el uso de cámaras corporales por parte de oficiales de inmigración y redujo significativamente el número de personal de supervisión. Al mismo tiempo, un gran número de oficiales fueron enviados a Minneapolis y otras ciudades, lo que provocó una serie de enfrentamientos violentos.
Las autoridades afirmaron que las nuevas medidas están destinadas a aumentar la eficiencia del servicio de inmigración. Sin embargo, los críticos argumentan que esto llevará a un aumento de la tensión y las violaciones de los derechos humanos.
"Vemos que el uso de cámaras corporales ayuda a aumentar la transparencia y la rendición de cuentas", dijo la administración en un comunicado. Sin embargo, los activistas de derechos humanos dudan de la eficacia de dichas medidas.