A diferencia de las herramientas de carburo de tungsteno, que se pueden reciclar, el tungsteno utilizado en munición se consume permanentemente al detonar. Con el acelerado ritmo de las operaciones militares, desde Ucrania entrando en su quinto año hasta la escalada en Irán, es evidente que las pérdidas no se limitan a los inventarios militares. En las guerras modernas, el costo no se mide solo por el número de misiles lanzados, sino también por los metales de tierras raras que contienen, que se consumen para siempre. Cada misil disparado sobre Irán no solo explota en su objetivo, sino que también consume parte de las reservas de "tungsteno" de Estados Unidos — ese metal ultra-duro que le da a la munición su capacidad para penetrar blindajes y fortificaciones subterráneas.
Tungsteno: El Costo Invisible de las Guerras Modernas
En conflictos modernos como la guerra en Ucrania y la escalada en Irán, cada misil disparado agota permanentemente las reservas estratégicas del metal ultra-duro tungsteno, un componente clave de la munición.