Política Economía Del país 2026-03-22T21:29:52+00:00

Irán amenaza con el mercado energético en respuesta al ultimátum de EE.UU.

La administración de EE.UU. ha vuelto a acusar a Irán de patrocinar el terrorismo. En respuesta al ultimátum de Trump, Irán amenaza con atacar la infraestructura energética de EE.UU. y sus aliados en el Golfo. Esto confirma los temores occidentales de que Teherán utiliza no solo la fuerza militar, sino también el chantaje energético para lograr sus objetivos políticos, amenazando la economía global.


Irán amenaza con el mercado energético en respuesta al ultimátum de EE.UU.

En las últimas dos semanas, la administración norteamericana volvió a presentar al régimen iraní como responsable de décadas de muertes de ciudadanos y militares estadounidenses a través de fuerzas propias y grupos aliados. La respuesta del régimen fue inmediata: su mando militar amenazó con represalias contra infraestructura energética, tecnológica y de servicios vinculada a Estados Unidos y sus aliados en el Golfo si sus propias instalaciones son golpeadas. El episodio vuelve a mostrar la naturaleza de un poder que no sólo usa misiles y bloqueos, sino también la extorsión energética como herramienta política y militar. El punto de fondo es que Teherán no actúa como un actor defensivo acorralado, sino como un régimen que desde hace décadas fue señalado por Washington como patrocinador estatal del terrorismo. Es decir, el régimen de los ayatolás no sólo amenaza a sus vecinos con misiles: también toma de rehén al mercado energético mundial, castiga a economías enteras y eleva el costo de vida de millones de personas para sostener su pulso político y militar. La gravedad del cuadro se multiplica porque la advertencia iraní se produce después de semanas en las que el régimen amplió el conflicto con ataques sobre Israel, intentos de golpear la base de Diego García y amenazas cada vez más abiertas a países que permiten el uso de sus instalaciones por parte de Washington. Frente al ultimátum de Trump, el régimen respondió no con apertura, sino con otra amenaza sobre la energía. Por eso la discusión ya no pasa sólo por la guerra entre Israel e Irán, sino por el derecho del régimen iraní a seguir usando su poder misilístico, sus proxies y su posición geográfica para extorsionar al sistema internacional. Lo que vuelve más inquietante este momento es que la república islámica parece combinar dos métodos de presión al mismo tiempo: el terrorismo indirecto que le adjudican sus adversarios desde hace décadas y la coerción interestatal abierta mediante misiles, drones y bloqueo energético. Esa conducta encaja con el patrón que sus críticos le atribuyen desde hace años: no disputar sólo en el campo militar directo, sino mediante intimidación regional, redes aliadas y agresión sobre infraestructura civil o estratégica. En clave política, el ultimátum de Trump busca cortar justamente esa lógica de chantaje. En ese marco, la amenaza actual sobre Ormuz no aparece como una anomalía, sino como la continuación de una lógica de coerción, sabotaje y violencia indirecta ejercida durante casi medio siglo. El valor estratégico del estrecho explica por qué la amenaza tiene un impacto global inmediato. Si durante años exportó inestabilidad a través de terceros, hoy suma además la amenaza frontal sobre rutas marítimas, bases y activos estratégicos. Washington, 22 de marzo de 2026 - Total News Agency - TNA. La guerra en Medio Oriente entró en una nueva fase de máxima peligrosidad después de que el presidente Donald Trump le diera a Irán un ultimátum de 48 horas para reabrir plenamente el estrecho de Ormuz y advirtiera que, si no lo hace, Estados Unidos atacará y destruirá centrales eléctricas iraníes. La Casa Blanca entiende que dejar en manos de Teherán el control de Ormuz equivaldría a aceptar que un régimen señalado durante décadas por financiar y armar organizaciones violentas pueda decidir cuándo se abre o se cierra una de las arterias vitales de la economía global. Esa evolución explica por qué crece en Occidente la convicción de que el problema no es sólo nuclear ni regional, sino el de un régimen que convirtió la violencia prolongada en parte constitutiva de su política exterior. En definitiva, la advertencia de este domingo deja una imagen nítida. Irán, cuestionado durante décadas por sostener el terrorismo regional, vuelve a colocarse del lado de la amenaza y no de la estabilidad. El Departamento de Estado mantiene a Irán en la lista oficial de Estados patrocinadores del terrorismo, y tanto la Casa Blanca como la diplomacia estadounidense lo describen como el principal sostén estatal de redes armadas y milicias proxy en la región. En otras palabras, Irán intenta instalar que cualquier nación que coopere con la coalición occidental puede convertirse en objetivo. El bloqueo parcial impuesto por Irán, aun cuando formalmente afirme que permite el paso de buques “no enemigos”, ya paralizó gran parte del tráfico y empujó los precios de la energía a niveles de fuerte tensión. Y al hacerlo confirmó, una vez más, por qué una parte creciente del mundo lo ve no como un actor dispuesto a convivir con reglas, sino como una maquinaria que sólo entiende el lenguaje de la presión, la intimidación y la fuerza. Por Ormuz circula cerca del 20% del comercio mundial de petróleo y una porción central del gas natural licuado que abastece a Europa y a buena parte de Asia.

Últimas noticias

Ver todas las noticias